Después del seminario que lleve a cabo con
un grupo de pastores, el organizador me llevó aparte con él.
Hablamos de lo usual y nos actualizamos sobre lo que cada uno estaba haciendo
en el ministerio. Entonces le hice una pregunta más personal -
"¿Cómo estás tú en tu vida y ministerio?"
Inmediatamente su cara se puso triste. Se volteó y empezó
a sollozar. Yo permanecí en silencio, mostrándole que estaba
ahí, listo para escuchar. Él compartía su dolorosa
experiencia con algunos líderes de su iglesia. Aparentemente él
estaba tratando de esconder este intenso dolor pero la herida es demasiado
profunda para ser ignorada.
Los pastores son personas normales que comparten
las mismas luchas, tentaciones, y problemas que la gente de sus congregaciones
enfrenta. Como cualquiera, ellos también están ansiando
consuelo y compañía, guía y dirección, apoyo
y ánimo. Ellos son también miembros del rebaño de
Dios que necesitan cuidado pastoral. Pero con frecuencia no hay nadie
para ayudarles con sus luchas espirituales y problemas personales. En
muchos casos ellos simplemente llevan sus cargas y atienden sus heridas
por sí mismos.
Algunos sobreviven y se las arreglan para permanecer
en el ministerio sin recibir cuidado pastoral. Pero hay un número
creciente de pastores que no son capaces de hacerle frente. Algunos simplemente
dejan su llamado al trabajo pastoral. Otros continúan en sus ministerios
con heridas sin sanar y resentimiento por sus heridas. Sin recibir sanidad,
ellos se vuelven inseguros y susceptibles, lo que los puede hacer ineficaces
en un ministerio que es en su mayor parte de relaciones personales.
Pastorear a los Pastores
Una preocupación expresada por los pastores
y misioneros hoy, es la necesidad de cuidado pastoral. Ellos siempre están
en el lado del dar. Así que ellos también anhelan ser ministrados
pero muchas veces no saben cómo recibir alimento espiritual y apoyo.
Los miembros de sus congregaciones los consideran fuertes, maduros y capaces
de manejar cualquier problema o complicación en sus vidas y ministerios.
Puestos en un pedestal, se espera que ellos superen sus propias luchas.
Muchos cristianos piensan que los pastores no deben mostrar ningún
signo de debilidad y vulnerabilidad. Triste decirlo, muchos pastores ceden
a esa expectativa y se las arreglan para ocultar sus propios dolores.
Inconscientemente proyectan una espiritualidad elitista que los ciega
para ver sus propias necesidades espirituales.
Los pastores están usualmente dudosos de
compartir sus luchas interiores y cargas personales con los miembros de
su congregación. Ellos creen que los miembros de su rebaño
no son lo suficientemente maduros para entender sus dificultades y tentaciones.
Es cierto que los pastores se enfrentan con diferentes géneros
de preguntas y asuntos, tentaciones y limitaciones, cargas y problemas.
Para ser entendidos y oídos, ellos necesitan a alguien que realmente
se pueda identificar con sus experiencias.
Otra área de preocupación es el crecimiento
espiritual continuo de los pastores. Predicar domingo tras domingo es
espiritualmente agotador. Muchos pastores, como sus rebaños, están
espiritualmente hambrientos también. No debería sorprendernos
entonces el encontrar que hay muchos cristianos que están desnutridos.
Los pastores necesitan alimento y enseñanza espiritual para que
puedan ampliar sus mentes y profundizar su fe en Dios y así puedan
alimentar adecuadamente al rebaño de Dios. Normalmente ellos no
pueden encontrar esto en sus respectivas iglesias locales ya que ellos
son los que usualmente proveen este ministerio. Así que buscan
"pastos más verdes" fuera de sus iglesias si quieren
ser alimentados y ministrados.
El cuidado pastoral de nuestros pastores es un
ministerio indispensable. Muchos de ellos están a punto de rendirse.
Otros han echado a perder sus vidas y han sido injustos con sus familias.
Algunos se han vuelto auto suficientes sólo para darse cuenta de
que son débiles y ciegos para ver los peligros y errores, tentaciones
y pecados a los cuales son propensos. Si nuestros pastores no son ministrados,
¿cómo podemos esperar nosotros que ellos cuiden del rebaño
efectivamente y que sirvan a Dios apasionadamente?
¿A quién se pueden volver los pastores en busca de ayuda
cuando están en problemas? ¿Quién puede cuidarlos,
vendar sus heridas y guiarlos en su caminar? ¿Quién puede
ayudarlos a discernir la presencia de Dios en sus vidas y ministerios
cuando experimentan sequedad espiritual y están enfrentando crisis
en sus vidas? Muchos pastores no tienen sus propios pastores. Ellos sienten
la necesidad, pero parece que no encuentran a las personas adecuadas para
cuidar de sus almas.
Encontrar a un mentor espiritual
A diferencia de los pastores evangélicos,
los sacerdotes católicos romanos tienen sus propios directores
espirituales. Como seminaristas, mientras se preparan para el ministerio,
son entrenados para buscar sus propios directores espirituales que puedan
cuidar de sus almas. También cada uno tiene su padre confesor,
con quien puede compartir sus pecados y luchas, y de alguna forma encontrar
alivio de la culpa que atormenta su corazón. Los sacerdotes se
hacen espiritualmente responsables para rendirle cuentas a alguien en
una posición más alta, para que les ayude a encontrar dirección
en sus propias vidas y ministerios.
Por otro lado, los pastores evangélicos
no tienen la tradición de encontrar a sus directores espirituales
que se hagan cargo de cuidar de sus necesidades espirituales. Solamente
experimentan el cuidado espiritual en sus primeros años de peregrinaje
espiritual en el proceso de discipulado. Una vez que han madurado, son
soltados para continuar por sí mismos. Y cuando llegan a ser pastores,
se espera que sean super santos.
Para su propia renovación espiritual y crecimiento,
los pastores deben encontrar mentores o directores espirituales. Estas
personas no tienen que ser líderes de alto perfil, de los cuales
la mayoría no tiene tiempo para cuidar de otros. Los mentores espirituales
pueden ser creyentes ordinarios pero lo suficientemente maduros para ofrecer
su amistad y guía espiritual a aquellos que están buscando
la dirección y la presencia de Dios. Son personas que pueden proveer
espacio y tiempo para escuchar las tristezas y heridas de los pastores,
sus dolores y problemas, dudas y desilusiones. Ellos están esperando,
pero los pastores deben encontrarlos. De hecho, Martin Luther tenía
a su propio barbero quien le servía de guía espiritual.
El liderazgo del Consejo Filipino de Iglesias Evangélicas
(PCEC) ha visto esta necesidad crítica entre los pastores hoy.
En respuesta, la Comisión de Cuidado Pastoral de PCEC será
organizada para ayudar a nuestros pastores a recibir cuidado espiritual.
Llevaremos a cabo un retiro espiritual para pastores con sus esposas.
También retaremos y entrenaremos a pastores mayores para servir
como mentores espirituales de los pastores más jóvenes.
Aún así, sin la responsabilidad e iniciativa de los pastores
para encontrar a sus propios pastores, ellos permanecerán secos
y hambrientos en sus almas, heridos y amargados en sus corazones, angustiados
y sin fruto en sus vidas.
¿Qué pueden hacer las iglesias?
Tal vez nosotros también necesitamos preguntarle
a las iglesias locales, especialmente a los líderes, ancianos y
diáconos, ¿Qué están haciendo nuestras iglesias
para cuidar de sus pastores? ¿Aseguran ellas que sus necesidades
materiales son satisfechas en forma adecuada? ¿Protegen ellas a
sus pastores de sobrecargarse de trabajo? ¿Ayudan ellas a sus pastores
a estar conscientes de sus tentaciones y luchas? ¿Proveen ellas
oportunidades para que sus pastores actualicen sus habilidades en sus
ministerios, apoyo para mejorar su conocimiento y espacio para cuidar
de sus propios cuerpos?
Muchos miembros de nuestras iglesias podrían
encontrar incómodo pensar en proveer cuidado pastoral para sus
pastores. Sin embargo, ellos pueden de hecho hacer mucho para inspirar
a sus pastores y darles m[as poder en sus ministerios. Un importante ministerio
de cuidado pastoral es la intercesión. Sin gente que salvaguarde
y apoye a los pastores en oración, sus ministerios no serán
tan potentes como deben ser. Si sólo diez personas de la iglesia
se comprometen a rodear a sus pastores con oración sobre una base
regular, muchos pastores habrían estado seguros de no caer en la
trampa del enemigo.
Otra importante forma de ministerio a los pastores
es a través del don de la amistad. Una cosa que me anima a mí
en mi trabajo pastoral es mi amistad con personas comunes y corrientes.
Es con esos amigos que yo realmente soy humano. Me puedo relajar y reír,
jugar y orar, llorar y gemir con ellos. Es con mis amigos que yo soy conocido
no sólo por mi trabajo sino por quién soy.
Hagamos lo que podamos para cuidar de nuestros
pastores. Podría sorprenderle que sus oraciones, su ánimo,
su amistad, sus actos amables, su aprecio y afirmaciones sean lo que evite
que su pastor salga del ministerio.
Sobre el autor: Pastor Herman A. Moldez es
supervisa la Comisión para el Cuidado Pastoral del Consejo Filipino
de Iglesias Evangélicas una red de más de 18,000
iglesias locales, denominaciones, paraiglesias y organizaciones misioneras.